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Debido al gran número de cambios que el cuerpo de la mujer experimenta durante el embarazo, la figura del osteópata se antoja como ideal para acompañar estos cambios y permitir que éstos se produzcan de la forma más natural posible.

A pesar de que la naturaleza ha preparado al organismo para todos estos cambios, a menudo aparecen problemas mecánicos, muchas veces derivados de disfunciones anteriores al embarazo, que se manifiestan en diferentes sistemas como el digestivo, el urogenital, el musculoesquelético, etc.

Estos problemas se van a manifestar en forma de ciáticas, hemorroides, acidez de estómago y otros síntomas típicos durante este período.

El trabajo del osteópata normalmente empieza a partir del tercer mes, con consentimiento de su ginecólogo.

Se realiza de forma mínimamente invasiva y con técnicas manuales suaves encaminadas a acompañar y facilitar el proceso, de forma que evitamos cualquier riesgo tanto para la madre como para el feto.

Aunque es durante el embarazo cuando más se emplea el tratamiento osteopático, distintos estudios y nuestra propia experiencia ponen de manifiesto la gran utilidad del tratamiento osteopático en problemas de infertilidad.

 

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